DES/COCIENDO


Sobre "Des/cociendo"

Sissy Hamman - 2015
En los últimos años, campañas como Marca Perú y Hecho en Perú han fomentado la celebración de lo peruano, logrando mejorar la percepción de lo que es peruano ante ciertos públicos en el mercado nacional y extranjero. Sin embargo, lo “peruano” sigue siendo ajeno a muchos, y a pesar de que hoy celebramos lo peruano, no estamos más cerca de entender qué es lo “peruano”, o cómo nos entendemos como peruanos, que hace algunos años. El tema de la identidad nacional ha venido siendo estudiado por sociólogos, antropólogos y psicólogos sociales a través de una amplia gama de enfoques teóricos a menudo centrados en las fuerzas políticas, religiosas y económicas que moldean las identidades de grupo e influyen en los procesos de formación de identidad individual e identidad nacional. El proyecto Des | cosiendo: Nuevo imaginario ante la marca país, nos permite ampliar el análisis de los procesos de formación de la identidad para observar las formas en las que el arte y la cultura popular se convierten en espacios para la negociación de identidades y de lo que es “peruano”, invitándonos a pensar críticamente sobre lo que es el Perú fuera de la marca, y sobre lo que es “peruano” más como un proyecto en construcción que como un sólido definido.

Los procesos de construcción de identidad individual y grupal se pueden observar—entre otros espacios—en la cultura popular, siendo a la vez influenciados por la misma y dándole forma durante el mismo proceso. Tomando el concepto de Judith Butler de producción performativa de las identidades, podríamos estudiar los carnavales andinos como fusibles que permiten la incorporación performática de aquellos aspectos del ser que se encuentran normalmente reprimidos en el ejercicio cotidiano de la identidad. En este contexto, son justamente aquellos aspectos que son normalmente invisibilizados los que constituyen en los ojos de Butler interesantes espacios de “deslizamiento” y reapropiación, y por lo mismo, al intentar definir lo “peruano”, es necesario reflexionar sobre aquellos elementos que quedan fuera, que pasan a ser invisibles en la definición de una Marca Perú. Des | cosiendo nos invita a darles una mirada y considerar que tal vez lo peruano no tiene una esencia única y definida sino que es más bien de una naturaleza cambiante y rizomática, para ponerlo en términos Deleuzianos.

El proyecto artístico de Carolina Estrada es mucho más que un espacio de representación, constituyendo también un espacio de negociación dialéctica, transformación y reflexión sobre el discurso de lo “peruano” y las identidades individuales y colectivas que se pueden generar a partir del mismo. En ese sentido, lejos de constituirse como una simple crítica frontal hacia una campaña publicitaria sobre el Perú, la muestra busca motivar una conversación sobre qué es lo que nos dice Marca Perú sobre lo “peruano”, y estimular una discusión crítica sobre las ideas que están detrás de la marca. Des | cosiendo presenta lo “peruano” no como un producto sino como un proceso orgánico cuyo carácter difícilmente podrá ser definido a partir de una marca, invitándonos a buscar en los vacíos de Marca Perú y preguntarnos qué nos dice sobre lo “peruano” aquello que no vemos.
La muestra Des/cosiendo Perú de Carolina Estrada representa la culminación de un profundo proceso de reflexión y análisis desarrollado por la artista en torno de la incomodidad ─por llamarla de alguna manera─ que genera en muchos de nosotros el orden neoliberal que se ha establecido en el Perú como modelo de desarrollo no cuestionable, identificado de forma general por la irrupción en el espacio cultural de la llamada “Marca Perú”.

El ubicuo logotipo en espiral, estampado en productos de toda clase, bordado ─cosido─ en el espíritu del consenso impuesto por el Estado, las elites económicas y los medios de comunicación masiva, ha venido a ocupar el lugar de la identidad, sustituyéndola como proceso de conflicto por una decisión de marketing que no es cuestionable: en ese espiral confluyen o deberían confluir los esfuerzos de todo un “pueblo” por alcanzar un desarrollo: solo uno, una forma. La incorporación de esa grafía en la cuña monetaria representa la institucionalización al más alto nivel, al nivel de la autenticidad absoluta, que es lo que representa la moneda en metal. Está hasta en el dinero; si no estás a favor de la Marca Perú, estás en contra de la nación, de la identidad, de ti mismo.

Sin embargo, el espiral, como remolino que es, lleva en sí mismo los conflictos y contradicciones que oculta: las identidades múltiples, las desigualdades permanentes, las injusticias, las decisiones de desarrollo que pasan por encima de los intereses locales y étnicos, los conflictos representados por las oleadas de migración andina hacia las ciudades, especialmente hacia Lima, y el establecimiento precario e irregular en los arenales del desierto circundante. Es esto lo que Carolina Estrada descubre para nosotros al establecer el parangón de este mecanismo de imposición identitaria con el proceso de ilustración cultural representado por la pintura colonial cusqueña de ángeles arcabuceros, en la que la resistencia indígena es representada por elementos que se incorporan subrepticiamente al discurso hegemónico católico. En los trajes de Carolina Estrada, construidos con una combinación de dureza material y delicadeza estética, usando los materiales del desarrollo desigual, el arte se convierte nuevamente en resistencia cultural ante la imposición del consenso ideológico de la Marca Perú y contra el establecimiento de un placebo identitario que no nos representa.

Sobre "Des/cociendo"

Carlos Maza - 2015

Sobre "Des/cociendo"

Victor Vich - 2015

Simulacro y síntoma en el arte contemporáneo:
la propuesta de Carolina Estrada

El Perú actual es un país empeñado en querer convertirse en un puro simulacro de sí mismo. ¿Qué significa aquello? Significa que, hoy en día, el Perú invierte muchísimo dinero en la producción de imágenes sobre su diversidad cultural y muy poco en verdaderas políticas de democratización social. Sometidos a los mandatos del mercado, pasivamente posicionados ante las empresas de marketing o “de comunicación social”, el Perú actual se enorgullece al construir un discurso optimista que celebra el crecimiento productivo, pero no la redistribución justa; la heterogeneidad cultural, pero nunca la justicia económica; la postal turística, pero sin hacer ni decir nada sobre la precarización del trabajo y la ausencia de derechos culturales.

Los trabajos de Carolina Estrada (artista próxima a graduarse en la Escuela Nacional de Bellas Artes) emergen como una notable respuesta a todo ello. Sus imágenes imitan a este nuevo tipo de nacionalismo criollo, pero consiguen socavarlo internamente. Lo hacen a partir de la revelación de lo que hoy se llama un “síntoma”. ¿Qué es un síntoma? Es la verdad escondida que habita en el interior de los discursos ideológicos; es aquello que retorna del pasado para desestructurar a una comunidad que esconde sus antagonismos irresueltos, sus viejas heridas, sus graves fisuras internas.

En una bellísima serie, y de una manera extremadamente elegante, la artista localiza lo que se encuentra oculto e intenta hacerlo visible. ¿En qué consiste esta elegancia? En la confluencia de tiempos, en la yuxtaposición de símbolos, en la densidad simultánea de los tiempos de la historia peruana. De hecho, estas imágenes dialogan con viejos lenguajes andinos, con antiguas técnicas coloniales, con nuevos imaginarios sociales: son citas al vestido de los arcángeles, a las monedas de la orfebrería colonial y a las actuales estéticas del folklore que aquí se hacen presentes para producir un lenguaje que es irónico y solemne al mismo tiempo; un lenguaje que puede ser cínico en muchos de sus gestos, pero también sumamente doloroso.

Digamos que el arte de Carolina Estrada nos coloca ante la dinámica misma del actual campo fantasmático sobre la peruanidad: ese discurso del progreso (entendido solo como progreso capitalista) que se esfuerza por elevar la diversidad cultural al nivel del objeto sublime. ¿Qué es lo sublime? Es un fantasma que se presenta como trascendente. En este caso, la artista ha optado por acercarse al fantasma, por atravesarlo, por intentar ver qué trae consigo y, lo que se ha revelado, son, por el contrario, sus desechos, su lado antagónico, su verdadero carácter traumático.

De hecho, el arte de Carolina Estrada reflexiona sobre los fantasmas que hoy se han apoderado del sentido común sobre la peruanidad y que intentan constituirnos a partir de silencios y mentiras. Bajo la apariencia de una nueva simbología “inclusiva”, estas imágenes intentan mostrar cómo se está convirtiendo a la cultura en un puro simulacro funcional a los intereses del mercado. Si hoy se ha impuesto un relato sumamente culturizado sobre la realidad del país (¡Qué diversos somos!, ¡Qué importante es la diversidad!, etc) estas imágenes están destinadas a mostrar lo que este discurso esconde: la desigualdad social, la precarización de lo existente, el núcleo duro de las exclusiones que persisten.

Hay un discurso que diría que el arte es un discurso “sublime” que debe producirse y situarse más allá de los debates con la “Marca Perú”, con el Ministerio de Economía y Finanzas, con el Ministerio de Industria y Turismo o con las maneras, tan tontas, en las que la primera dama, Nadie Heredia y el presidente Ollanta Humala se disfrazan de pobladores locales en cada pueblo que visitan. Los trabajos de Carolina Estrada intervienen en este escenario y proponen nuevas posibilidades para producir otro tipo de arte político: no uno basado en la confrontación inmediata, sino un arte de la parodia agónica, de la imitación estratégica: el desagarrado testimonio de una historia de exclusión social que todos los días se intenta asesinar bajo el festín de los colores.